
Este es el momento. Haga memoria y trate de recordar. El año pasado se lo propuso, de eso estoy seguro. Y sin embargo aquí sigue. Si se quería distinguir de los animales, el no hacerle caso al ensayo y error no es el camino. Un año le puede pasar. Dos. Pero a esta altura ya lo debería tener planificado.
Efectivamente, señores, se acercan las fiestas.
Se trata nada más y nada menos que de esa época del año donde los deseos y las prácticas suelen contrastar más dramátricamente. Desea 'paz' mientras está al borde del colapso nervioso porque las papas no alcanzan para la ensalada rusa; desea 'amor' a la vez que tironea con una anciana por la última remera talle S en un shopping a las 3 de la mañana del 23; desea 'felicidad' mientras va puteando en el auto porque este año estaba seguro que no tocaba en lo de sus suegros. Y, sin embargo, en algún momento de la noche alzará la copa y -con expresión bonachona- desea todo esto y mucho más. Una paparruchada, que quiere que le diga.
Como ya alguna vez he hablado de
esto (¿se podía hacer autobombo acá?) no ahondaré en la coyuntura, sino que más bien colaboraré con algunas consignas para estas fiestas que, seguidas al pie de la letra, lo encumbrarán hasta un lugar donde Papá Nöel quedará eclipsado por su...eh...fiestitud.
a) Los regalos: a esta altura del año, cada afecto parece traducirse en un monto de dinero. Descubrir que una persona es importante para nosotros paradójicamente nos permite descubrir que nuestro presupuesto también lo es. Así, uno empieza a cuestionar que nuestros padres hayan decidido darnos tantos hermanos o que el imbécil de nuestro mejor amigo nos haya concedido el padrinazgo de su retoño. Frente a esto uno tiene una serie de opciones:
a.1. La del ermitaño: cerca de agosto, empiece a tomar cierta distancia de sus seres queridos. Tarde en atender el teléfono, no devuelva mensajes, ponga cara de que no entiende cuando le están hablando. Ya para septiembre puede intercalar estas prácticas con un malhumor recurrente. Debería llegar a fines de noviembre insultando frontalmente a todo aquél que se atreva a dirigirle la palabra. De esta manera, nadie esperará nada de usted para las fiestas. Ni a usted, ya que estamos. Eso sí, vuelva el primero de enero sonriente como quién ha despertado de un coma o se ha desembarazado de una posesión diabólica. Niegue todo y junte aceptación como para poder repetir la maniobra sin que lo linchen.
a.2. La del artesano: que el valor de un regalo no se corresponde con el valor de mercado que pueda tener ese bien, es cosa tan evidente que ni me molestaré en discutirla. Ahora, ese principio es un filón argumental a explotar. A pesar de que los dibujos que hice el año pasado no tuvieron buena aceptación general, creo que uno siempre puede encontrar regalos de menor valor acompañados de mucho cariño y una gran dosis de mendacidad.
"Mi infancia está unida al recuerdo de esas visitas a tu casa cuendo tomabamos el té con esas galletitas que solías hacer. Es un recuerdo acogedor, lleno de calor y luminosidad. Por eso te regalé esta bolsa de harina. Por las galletitas y eso. ¿No se entiende?"
"Te hice una canción, pero me da vergüenza cantarla así que te la grabé. Es más, hice que Cesar Banana Pueyrredón te la grabara. Y la incluyera en un cassete. Es la número 3 del lado B"
"Vos sabés que somos inseparables ¿no? Por eso, para vos, este tubo de "la Gotita", porque lo que "La Gotita" pega...?"
"¿Te acordás cuando recién nos pusimos de novios? ¡Qué manera de hablar por teléfono! ¡cuantas cosas nos decíamos! Por eso, flaca, mirá lo que conseguí...¡Sí, la guía telefónica del 2003! No, de nada. El reloj que me regalaste está bueno también"

"¿Segura que no te gusta el dibujo que te hice? Pero si te dibujé mucho más flaca"
El otro día leí en una nota que una de las prácticas nuevas que se puede ver en Europa fruto de la crisis es la implementación del "amigo secreto" para los regalos navideños. Estos muchachos vienen atrás nuestro como 15 años.
b) El brindis de moebius: dicen que del ridículo no se vuelve. Pero, según parece, al ridículo se vuelve anualmente. O por lo menos eso me han contado quienes lo han visto frecuentar a Johnny Walker: declaraciones de amor inapropiadas, bailes cercanos a la epilepsia, chistes de dudoso tenor a la abuela, manifiestos políticos fundamentalistas, declamaciones de cómo es la vida y la constante referencia a que lo que dice su interlocutor "le hupa un huevo" (sic) forman parte de su rutina findeañística.
En estas cosas, he escuchado que lo que mata es la mezcla. Estoy de acuerdo: usted festeje por un lado y su familia por otro.
c) Los deseos: lo dicho. Se pronuncian palabras vagas que no quieren decir nada en concreto. Se quiere quedar bien sin comprometer nada. Basta de palabras "buena onda", lo que se lleva son los deseos modestos y realistas. Van algunos botones de muestra:
- Que te pongas un pantalón viejo y encuentres plata.
- Que tu miopía disminuya en un 0,25.
- Que no tengas que encontrarte nunca con la gente del Sistema de Tránsito Ordenado (STO)
- Que te lleguen menos mails con letra Arial.
- Que tu cumpleaños caiga un viernes.
- Que después de comentar algo tu interlocutor diga
"exactamente. Estaba por decir lo mismo".
- Que no pises mierda de perro ni te cague una paloma.
- Que alguna vez te despiertes sobresaltado pensando que te quedaste dormido y sea sábado.
- Que lo disfrutes con salú.