Cartas desde el exilio



"Si MIB fuera un malvón

ya estaría reseco."

(Haiku del poeta Obi Wan Renegado)


No sé por qué será o si es tan sólo una sensación mía, pero estoy convencido de que hay una crisis general en la blogósfera. Puede ser una conflagración orquestada por la Sinarquía internacional o un capricho del destino; puede ser que sea fruto de la situación actual del país o producto de la irrupción de Twitter, pero creo que la gente está escribiendo menos. Y a esta altura no me atrevo a descartar ninguna explicación.

Men in blog no es la excepción. De hecho no es ni siquiera la regla, sino que es el blog que miran quienes son la regla para tranquilizarse. Recurro a los mails para tratar de encontrar una explicación, una pista o un powerpoint con fotos de paisajes alpinos. Que se yo, algo, cualquier cosa.


Y lo que encuentro es justamente eso. Cualquier cosa.

De: Mariano
Asunto: Nuevo laburo

Muchachos, perdonen que haya estado desconectado, pero me ofrecieron un trabajo en la revista Rolling Stone haciendo fotomontajes. Acepté inmediatamente. Por eso no entiendo por qué dijeron que si no tenían otra opción para mí y terminé haciendo crónicas de recitales.

Abrazo.

De: Renegado
Asunto: Intervención
Estimados, si se preguntan por qué hace rato que no aparezco (si es que se lo preguntan, porque seguro que ni se habían dado cuenta) es debido a una intervención que tenía que hacerme para removerme las amígdalas. Como no podía ser de otra manera, hubo un error y me terminaron haciendo un implante mamario. Mis amígdalas siguen inflamadas, pero ahora nadie lo nota porque hacen juego con mis pechos.

Mi vida es una fiesta (literalmente, no paran de invitarme a eventos sociales).

Saludos.


De: Bugman
Asunto: Otro laburo

Gandules, me divertiría charlar sobre los avatares de sus excéntricas vidas si no fuese porque veo que atentan contra su producción. Y porque no me interesan, también.

PD: Señor Mariano, me tomé el atrevimiento de cambiar el 'subject' de su mail para que tenga sentido.


De: Briks
Asunto: Re: Otro laburo

Muchachos, mi trabajo como abogado defensor me ha tenido bastante ocupado. He tenido que lidiar con denuncias de maridos despechados, acusaciones de padres de menores de edad e incluso con una ninfómana que reclama haber sido abusada en su buena fe. Calculo que en breve podré desembarazarme de todos estos juicios y entonces incluso podré empezar a tomar casos de otras personas que no sean yo mismo.

Hasta entonces, los acompaño en el sentimiento.


De: Viejex
Asunto: Lugar de reunión

Queridos, ¿qué tal? Veo que cada uno sigue con sus cosas. tendríamos que publicar algo. Yo veré que puedo hacer, ya que finalmente terminé el quincho en la parte de atrás de casa. Pilares de madera y techo de paja como yo quería. Está lindísimo. Lástima que mientras les escribo escucho las sirenas de bomberos así que no creo que esté prendido mucho más tiempo.

Fue lindo mientras duró. Abrazo.


De: Bugman
Asunto: ¡Ponganse a laburar, manga de vagos!

Veo que las notas de color se suceden y las publicaciones no. Los insto a canalizar su tiempo libre en una ocupación. En una concreta: escribir en MIB.

Yo estoy bien. Yo siempre estoy bien.


De: Mariano
Asunto: Re: Re: Otro laburo

Muchachos, la situación ha dado un giro dramático. Mi primer trab...otro trabajo fue cubriendo el recital...DE ARJONA EN VÉLEZ!!! Estar en un sector VIP era una inmejorable oportunidad de lograr lo que siempre quise, pero el de seguridad descubrió la Colt y todo se fue al tacho.

Lo peor es que debo escribir la crónica. Hice una prueba pero luego de escribir 'cantautor guatemalteco' me desmayé.

Abrazo.


De: Señor F
Asunto: Re: ¡Ponganse a laburar, manga de vagos!

Señor Bugman, me encantaría poder ayudar en esta situación, pero debo estudiar porque se acercan los finales. Lamentablemente, mis sacrosantas obligaciones me impiden dar una mano.

Saludos cordiales.


De: Yoni Bigud
Asunto: Publicaciones

Señores, tengo casi cocinado un texto para MiB. El problema es que mi abogado (que, como el Señor Briks, también soy yo) me ha sugerido mantener un perfil bajo hasta que las actividades de cierta sociedad en la que participo hayan cumplido con el tiempo legal de prescripción. Si pasa eso o logro que otra sociedad de la que participo tome la posta, publicaré mi artículo.

Saludos.

De: Renegado
Asunto: Fwd: Intervención

Estoy bien, no se preocupen. Comparto con ustedes el cenit de la mala praxis y lo único que recibo es un mail (varios mails en realidad) del señor Briks pidiéndome fotos. Por suerte ya tengo fecha para la intervención correctora y encuentro consuelo en una gran cantidad de amigos que he hecho en este tiempo. Ellos me dicen que si estoy afligido, se prestan mi pecho para llorar. La formulación es medio confusa y yo siempre pensé que era el hombro, pero se igual.

Chaucha.


De: Señor F
Asunto: Re: ¡Ponganse a laburar, manga de vagos!

Señor Bugman, quería saber qué significa la carta documento que llegó a mi casa. Y por qué mis profesores no quieren hacer contacto visual conmigo.

Saludos menos cordiales.


De: Bugman
Asunto: ¿Hola? ¿hola? ¿por qué no me dan bola?

¿Les estoy escribiendo a sus cuentas de AOL que no contestan? ¿tienen windows 3.1 o se hacen? LA-BU-REN. ES-CRI-BAN. A-BAN-DO-NEN CUAL-QUIER HO-BBIE (digo mientras palmeo al separar cada sílaba). No creo poder ser más claro que esto.


PD: Señor F, ¿en serio pretende que le explique lo que pasa? Hagame el favor de tomar un flagrum y azotarse usted mismo, que yo ya estoy cansado.


De: Briks
Asunto: Re: Publicaciones

La campaña de MiB opaca la de Olimpo. Y ya que estamos, el Señor Bugman me recuerda a Mauro Laspada: pelado y violento.


De: Mariano
Asunto: HELP!

La situación es desesperante. Ante la imposibilidad de escribir algo sobre Arjona, en un claro intento de boicot, copié y pegué el relato de Víctor Hugo del gol de Maradona a los ingleses.

Les encantó.

Ahora quieren que siga a Montaner por toda la provincia de Buenos Aires. Yo les insistí en que es imposible que Arjona haya eludido a Peter Shilton. Los redactores se rieron y se fueron diciendo cosas como "este tipo es un groso", "un flash total" y otras boludeces del estilo.


De: Yoni Bigud
Asunto: Re: Re: Publicaciones

Señores, MiB ya puede exigirme ahora que la ley argentina no puede hacerlo. Ni bien termine de linkear algo que publiqué con mi declaración de impuestos, tendremos algo jugoso en el aire. A menos que vean que recibimos una visita de un IP que tenga base en Rusia. Ahí lo mejor va a ser que cerremos todo y cada uno se vaya por su lado. Por un tiempo por lo menos.

Abrazo de gol.

De: Viejex
Asunto: Re: Re: Re: Publicaciones

Ahora que lo menciona, Señor Bigud, pude acceder a una de sus declaraciones de ganancias y se trata de un texto realmente humorístico. Con su Formulario 152 creo que ya tenemos material para el resto del año.


De: Renegado
Asunto: me pasa por goma(s)

Finalmente me removieron los implantes. Siento que la gente ya no me trata tan amablemente como antes. Mi vida es una fiesta (no, en el sentido de antes)


De: Pablo
Asunto: Estimados

No sé por qué será o si es tan sólo una sensación mía, pero estoy convencido de que hay una crisis general en la blogósfera. Puede ser una conflagración orquestada por la Sinarquía internacional o un capricho del destino; puede ser que sea fruto de la situación actual del país o producto de la irrupción de Twitter, pero creo que la gente está escribiendo menos. Y a esta altura no me atrevo a descartar ninguna explicación.

Además, a mí tampoco se me ocurre nada, así que voy a publicarlos a ustedes off the record.


Que lo disfruten con salú.



I.A.M



Acápite: Consultorio jurídico. IAM. Explicación del impuesto. Modo de pago. Recomendación final.




Impuesto al Miserable

Todo Estado sabe, conoce, está al tanto de que entre la población activa en condiciones de aportar al tesoro existe un buen número de individuos que, por decirlo de una forma amistosa o cortés, olvida el carácter obligatorio de dicha actividad y procede de acuerdo a su propia convicción y/o necesidad.

Dentro de este simpático grupo existen —de más está decirlo— varias categorías que según la profundidad del olvido merecen un distinto alcance en la severidad del reproche estatal. Están los denominados ‘ladrones de gallinas’, que pueden ser llamados al orden mediante una simple misiva firmada por algún funcionario competente de la Administración Federal de Ingresos Públicos; los evasores amateurs, cuya estrategia reposa generalmente sobre la espalda de mediocres contadores que presentan estrambóticos balances que a la postre promueven inspecciones con final incierto; los evasores consuetudinarios, que proceden de la misma forma que la categoría anterior pero con mejores contadores, y son más difíciles de acorralar; y los grandes evasores, que suelen montar complejas tramas que involucran contadores, profesionales del derecho e incluso economistas que les proveen las más variadas herramientas jurídicas y contables, entre las que se destacan la constitución de sociedades en el exterior, fundaciones de objeto dudoso y pequeñas empresas dedicadas a la facturación fraudulenta. Esta categoría posee, además, una enorme capacidad de diálogo con los organismos de control del Estado, hecho que garantiza por un lado una gran cuota de impunidad, y por el otro la aparición de funcionarios más prósperos y saludables.

Ahora bien, las modernas teorías que se han abierto camino en el campo del derecho impositivo y tributario señalan —no sin razón— que el Estado destina demasiados recursos en la identificación, seguimiento y castigo de ese olvidadizo sector de la población, y no obtiene ni por asomo el éxito deseado. La amenaza punitiva no es suficiente para encausar a los más díscolos, e incluso muchas veces no hace más que lograr el efecto contrario al deseado, generando el perfeccionamiento de las estrategias de evasión o la desaparición de elementos que, más allá de su falta de apego a las reglas impositivas, son importantes para la economía.

Por ello estas modernas teorías buscan alentar el espíritu contributivo de aquellos grupos mediante la creación de una serie de herramientas clandestinas que garantizan, no la impunidad, sino la ausencia de persecución estatal en caso de que el o los involucrados se avengan al régimen propuesto y lo cumplan sin excepción. Y en ese marco cada país es libre de implementar la o las que crea más adecuadas de acuerdo a su legislación vigente y a la idiosincrasia de sus contribuyentes actuales y potenciales.

En nuestro país esa herramienta clandestina es, sin duda alguna, el ‘Impuesto al Miserable’ (IAM), en plena vigencia desde el primer día del año en curso y gozando de un éxito clamoroso.

La idea del IAM es reemplazar la totalidad de los impuestos nacionales, provinciales o municipales de la persona física o jurídica por una única contribución que se abona en forma trimestral, y cuyo monto surge de un complejo cálculo que realiza la AFIP sin intervención del interesado, y que involucra un sinfín de variables tales como profesión, estimación del monto evadido con anterioridad a la inscripción en el IAM, estimación de bienes inmuebles no declarados, estimación de ingresos no declarados, cantidad de hijos o demás personas a cargo, estimación de gasto fijo mensual, etcétera.

No, el Monotributo es otra cosa. No se me apure.

Lo importante es que entienda que una vez cargados los datos y realizado el bendito cálculo, el desembolso anual del contribuyente miserable jamás supera el 30% de lo que sería si permaneciera en el sistema tradicional. Y se libra por completo de la persecución estatal presente y futura, ya que el monto, como acabamos de señalar, lo determina la AFIP sin intervención del interesado. Vale decir, sin declaraciones juradas, balances y otras yerbas, por lo que el número final se apoya exclusivamente en estimaciones estatales que no admiten prueba en contrario.

¿Cómo dice?

Sí, se libra de todo. Hasta del ABL. El Estado no lo perseguirá más. O sí. En realidad vale aclarar que en la República Argentina lo que se elimina a través del IAM es la consecuencia de la persecución estatal, no la persecución en sí. Usted continuará recibiendo toda clase de reclamos y citaciones por Ganancias, Bienes Personales, Ingresos Brutos, etc; pero jamás habrá una acción judicial ni nada que le traiga inconvenientes en su vida cotidiana, fuera de esa molesta insistencia epistolar.

El único inconveniente es que al ser esta una herramienta clandestina por definición, que técnicamente constituye un fraude de proporciones colosales, no existe una repartición oficial que pueda encargarse de la recaudación. Es una dependencia especial de la AFIP la que se pone en contacto (trimestralmente) en forma epistolar con el contribuyente a fin de indicar el modo y el lugar de pago. La carta posee el logo IAM sin otra especificación, y consta de un breve texto muy similar a los modelos que se detallan a continuación:

‘El día 21 de marzo usted comprará un helado de agua en el monumento a Simón Bolívar’.

‘El día 21 de junio usted comprará un pancho San Martín y Paraguay’.

‘El día 21 de septiembre usted se lustrará los zapatos en Cabildo y José Hernández’.

‘El día 21 de diciembre usted comerá un choripán frente al aeroparque’.

De más está decir que el agente de la AFIP será, según el caso, el heladero, el panchero, el lustrador o el puestero, y que el contribuyente podrá deducir del impuesto el valor de su compra.

Finalmente es menester señalar que existe un modo alternativo de pago. Cuando el Estado presume en el empleador condiciones morales similares a las del contribuyente inscripto, puede autorizar que aquel retenga el monto del impuesto directamente en el recibo de sueldo. Sin embargo yo no lo aconsejo. En MIB ya nos anotamos, y mejor no le cuento la experiencia…

Maldito calvo miserable.

Espero haber sido de alguna utilidad. Quedo a su entera disposición para evacuar las dudas que puedan tener sobre el particular.


Tengan ustedes muy buenas noches.

Sultana

"A man must do what he must do."
Charles Heston la película "Three Violent People"  (1956)





Hace ya algún tiempo dije y sostengo que llevo una vida como cualquier otra y me preguntaba qué les puedo decir, que no haya sido dicho. Nada, de seguro, pero ya que están acá queriendo escuchar una historia, les contaré lo más cercano a algo digno de mención entre las cosas que me sucedieron en estos últimos días.

Pero para contarles lo que sucedió, es menester que les diga previamente que hace unos meses empecé  una relación con una persona que, por resguardar su identidad, llamaremos de aquí en adelante X. También es preciso que sepan que X. amablemente se ofreció a quedarse en mi casa durante algunas semanas para cuidar a Sultana, mi perra, ya que yo debí ausentarme por un viaje, y que tras el viaje planeamos empezar a vivir aquí, juntos. De esta forma, pensamos, X. tendría un tiempo para acostumbrarse a mi departamento antes de convivir conmigo, lo cual creímos que era una idea muy conveniente y razonable.

Sultana es un vigoroso ejemplar de raza y edad inespecífica, que podríamos aproximar por una mezcla de cuatro o cinco razas de perros muy grandes, y de unos dos a cuatro años. Una alegre cachorra de mastodonte, por decirlo de alguna manera.

X, por el contrario, es una mujer pequeña, diminuta, de esas que lo más salvaje que han vivido en su vida es ver como las hormigas acababan con la vianda del picnic un día de la primavera.

Decía entonces que X se ofreció a cuidar a Sultana, pero lo cierto es que lo más justo sería decir que fue Sultana quien se quedó a cuidarla a ella.

El viaje transcurrió sin contratiempos ni eventos merecedores de ser detallados. Antes de que pudiera darme cuenta casi, ya estaba emprendiendo el regreso con enorme placer y expectativa.Nunca me había pasado como esta vez, nunca antes estuve tan ansioso por regresar a casa después de ir a algún sitio. Estaba verdaderamente contento de volver, había extrañado mucho no estar con "mis chicas", como yo había empezado a llamarlas cuando pensaba en ellas.

-¡Hola, mi amor!!! -exclamé exultante al atravesar la puerta- ¿Como está Sultana? me extrañó?

La respuesta de X. me tomó desprevenido.

-¿Solo eso se te ocurre preguntarme después de veinte días, hijo de puta? ¿Veinte días de recoger la mierda de esa cría del averno, sin que se te ocurra llamarme para preguntar como estoy? Veinte días de bajar a esa perra de mierda para que me lleve como un barrilete de acá para allá por todo el parque? Veinte días de soportar que esa burda bruta me destroce zapatos, ropa y carteras?  Escuchame bien lo que te voy a decir, y no quiero excusas: esa maldita perra tiene que desaparecer, yo con ese engendro del demonio no voy a vivir un minuto más!

Estaba claro que los tres no podíamos vivir juntos, la incompatibilidad de X. y Sultana era indiscutible, evidente, palmaria.

Con dolor y sin demora, acepté mi deber. Un hombre debe hacer lo que un hombre debe hacer, decía Charles Heston, hace mucho tiempo.

Hay momentos en la vida en que uno dar un paso que sabe de antemano que será difícil, y nada se puede hacer para evitarlo. Pero pasado el tiempo, cuando uno mira en perspectiva hay un sentimiento reconfortante cuando se descubre que hizo lo correcto, por arduo que haya sido.
No podía, bajo ningún concepto, tirar por la borda la relación más enriquecedora que había tenido en años por mantener a la que ya había sido condenada. Como dije, la decisión fue inmediata. Tenía que deshacerme de la bestia. Era lo correcto.

En fin, hoy vamos a pasear a algún lugar lindo...no, mejor nos quedamos en casa  y le voy a cocinar algo rico, para ver si se nos quita un poco la amargura. Aunque parezca mentira, yo sé que a pesar de todo la va a extrañar. Es más, yo juraría que ya hoy la extraña y no quiere que se vaya. En su infinita nobleza no hay lugar para el rencor. Pero no puedo dar marcha atrás. Ni Sultana ni yo nos merecíamos vivir bajo un mismo techo con alguien tan insensible.

La fuga


La creación del SiGaNTU (Sindicato de Gandules No Trabajadores Unidos) había fracasado rotundamente. Tan rotundamente como nuestra intención de ponerle a la agrupación un nombre con punch.
Las cosas se estaban poniendo pesadas. La relación laboral estaba tensa.


Nada parecía salirnos bien. No pegábamos una. Ni siquiera cuando amenazamos con hacer un paro.
“¿Un paro?” exclamó el Amado Líder elevando su ceja y esbozando una amplia sonrisa “¡Me parece excelente!”.
Y a parir de ese momento nos obligó a escribir parados (lo cual era bastante incómodo teniendo en cuenta que, habitualmente, lo hacemos sentados en trapitos en el piso).

Todo eso, mas el ahora casi insoportable dolor de espalda, y el riesgo que implicaba tener que estar medio agachados sabiendo que el Sr. Briks andaba por ahí, nos llevó a tomar una medida drástica y definitiva.
Sabíamos que esto no daba para más y que había que tomar una decisión, aunque fuera dolorosa.
“¡Era hora!” dijo el Sr. Viejex mientras encendía una antorcha “¿Quemamos todo o solo las oficinas de Bugman?”
Tardamos un poco en convencerlo de que no era eso de lo que se estaba hablando, y solo se calmó cuando le prometimos que lo consideraríamos como “Plan B”.
La verdad era que, secretamente, comenzamos a planear una fuga.

Si, una fuga.

Nos iríamos. Escaparíamos hacia la libertad. Correríamos (bueno, digamos que caminaríamos lo mas rápido que pudiéramos. No estamos en muy buen estado físico) hacia el horizonte, sin mirar atrás. Quizás si para los costados, por las dudas, porque si hay que cruzar una calle por ahí no mirás y te tira a la mierda un auto, pero así. La idea era esa.
Irnos, para no volver.

Sería el fin de Men In Blog, pero bueno, todo lo que tiene un principio tiene un final. Todo concluye al fin. Nada puede escapar. Todo tiene un final. Todo termina.

La operación “La Fuga” (pasamos días decidiendo el nombre) se planeó durante semanas.
Cuando finalmente llegó el día “D”, o sea, el día D la fuga, al atardecer, el operativo se puso en marcha.
Nos tiznamos las caras (bueno, menos el Sr. Briks) y repasamos una vez mas el curso de acción.
“Bien señores” dije “Este es el flan” y les mostré una caja de flan Royal.
“Bueno, ahora el plan: Sabemos que a esta hora el Amado Líder toma su habitual baño de espuma con aceites aromáticos y pétalos de rosa mientras escucha temas de Kenny G a todo volumen. Eso nos va a dar el margen de tiempo necesario como para que, uno por uno, nos escabullamos por el ventiluz que tenemos en la parte superior del sótano y, protegidos por las penumbras de la naciente noche, podamos atravesar el patio, eludir a los perros, evadir los detectores de movimiento, saltar el paredón, pasar por los alambres de púas, arrastrarnos por las inmundas alcantarillas llenas de basura y excrementos y, si la fortuna nos acompaña, llegar por fin a la calle ¿Estamos?”.

“Che ¿Y si mejor salimos por el portón del patio?” dijo el Sr. Pablo, como siempre, con su mano apoyada en el mentón “Creo que hace rato que no tiene llave”.

Todos estuvimos de acuerdo.
Es lo bueno de tener un profesor en el grupo. Ve cosas que el común de la gente pasa por alto.

En fin… Todo estaba listo.
Era el momento de la verdad. A la cuenta de tres, nos pondríamos en movimiento.

“¡NO!” gritó de repente el Sr. Mariano con énfasis “¡Me niego a huir como una rata! ¡Eso no! Conmigo no cuenten. De ninguna manera. Yo no soy de los que huyen. ¡Yo de acá no me muevo ¿Me escucharon? ¡¡No-me-mue-vo!!”. Y de inmediato, con una agilidad asombrosamente felina, de un salto ganó el ventiluz y desapareció dejando tras de si apenas una estela de humito como en los dibujos animados. No dijo ni chau.

Luego, uno a uno, hicimos lo mismo, algunos con mas dificultad que otros, pero finalmente, todos logramos escapar.
No fue un momento emotivo. No hubo adioses. Ni despedidas. Ni “nos hablamos ¡que no se corte!”. Ni nada.
Cada uno tomó un rumbo distinto, y acordamos no ponernos en contacto por un tiempo.
Para evitar ser encontrados, viviríamos en la clandestinidad y el anonimato, tratando de sobrevivir como pudiésemos.

Así, yo intenté plasmar mi amor por el cine escribiendo una nueva versión de "Terminator" pero interpretada por Chuck Norris. Todavía no resultó.
Supe por trascendidos que al quedar vacante el rol del “Hombre Antorcha” en “Los Cuatro Fantásticos” el Sr. Viejex se postuló para el casting, pero lo rechazaron cuando incendió el estudio (aparentemente se confundió cuando le dijeron que el Hombre Antorcha era un tipo que “se prendía fuego” y no “un tipo que prendía fuego todo”).
El Sr. F. siguió dedicándose a sus estudios aunque, extrañamente, hay quienes dicen que se la pasa estudiando en el hipódromo.
El Sr. Pablo volvió a la filosofía, y aparentemente hace semanas que está pensando en algo.
Del Sr. Briks solo supimos que consiguió casa nueva y está redecorando, pero parece que tiene algunos problemas para conseguir la bola de espejitos para colgar del techo (El Sr. Briks viene a ser como el Glenn Quagmire del grupo).
Del Sr. Mariano lo último que se supo es que alguien lo escuchó decir que ni loco se iría a vivir a Mar del Plata. Coincidentemente, algunos enanos marplatenses radicaron varias denuncias de acoso en diversos juzgados de esa ciudad.
Y el Sr. Bigud se siguió dedicando a… bueno… a lo que sea que haga. Nadie sabe bien aún cual es su trabajo. Y se dice que es mejor no saberlo.

Sin embargo, ningún plan es perfecto, y un poco por inquietud, un poco por falta de costumbre, y otro poco porque somos medio pelotudos, cometimos un pequeño error. Inocente, pero imperdonable.
Como luego de un tiempo (al otro día) todos teníamos curiosidad de saber que había sido del Amado Líder luego de nuestra partida, quebrantamos la regla de no contactarnos y nos pusimos de acuerdo para volver y espiar como estaban las cosas en la mansión.
¿Su Ilustrísima Calva nos habría reemplazado? ¿Tendría ya siete nuevos gandules? ¿Se habrá dejado crecer el pelo? ¿Estaría sufriendo al descubrir que, finalmente, lo habíamos burlado?
Estábamos ansiosos por regodearnos en nuestro triunfo.
Tan ansiosos, que como era mucho esfuerzo trepar otra vez el muro, fuimos y tocamos el timbre.

Y aquí estamos nuevamente. En el sótano.

El ventiluz ahora tiene rejas y, según el Amado Líder, el tiempo que estuvimos fuera se cuenta como vacaciones adelantadas (teniendo en cuenta que nuestras vacaciones constan de salir al patio un día en el año, creo que vamos a estar acá mucho, muuucho tiempo).

La fuga duró poco. La curiosidad mató al gato.

Men In Blog está de vuelta.




Por ahora…




MIB: la tira - 22


"Poncho"



Un gaucho un tanto... especial.




Media tarde. Pulpería de un alejado pueblito del interior donde, para algunas cosas, el tiempo parece no haber pasado.
En el ambiente se respira la nativa tosquedad de la clientela habitual.
En algunas mesas, unos gauchos disputan bravos partido de truco* y mus, entre gritos y carcajadas, mientras se toman unos tintos en pequeños y pobremente limpios vasos de vidrio grueso, acompañándolos con unos generosos sánguches de mortadela en pan casero.
Algunos otros fuman tabacos en silencio, perdidos en sus pensamientos. Otros paisanos simplemente observan los juegos, mientras beben una ginebra o una caña.
Afuera, bajo los árboles, algunos otros se enredan en un torneo de taba.
Los gruesos gritos de “¡Quiero retruco!” y “¡Mate y venga canejo!” retumban en el vasto silencio de las pampas.

De repente, el lejano y reconocible sonido de un ciclomotor (el único del pueblo) que se acerca, interrumpe la escena.
Las conversaciones cesan de golpe. Algunos rostros se transforman.
Unos denotan incomodidad. Otros, directamente una inocultable ira. Alguien resopla con fastidio. Todos observan con gesto adusto hacia la entrada del boliche.
El ruido del motor se detiene y, segundos después, la campanilla de la puerta quiebra con su tintineo el incómodo silencio que ha ganado el salón.

Hace su entrada el gaucho Amador Delsoto, mas conocido en el pueblo como “Poncho” (según dicen las malas lenguas, el apodo viene porque cuando arrecia el frío del invierno pampeano, mal que mal, todo gaucho se lo puso).
Luce una impecable bombacha color salmón, cinturón de rastras con una riñonera encima, modernas alpargatas en color gris perla con suela de goma, una camisa cuadrillé y pañuelo anudado al cuello, color fuxia.
Su pelo está, como siempre, perfectamente engominado y peinado bien hacia atrás, y su tupido bigote prolijamente recortadito.
Es parecido a Freddy Mércury, pero con dientes mas chicos.
El recién ingresado cliente camina hacia la barra, moviendo exageradamente la cadera y medio arrastrando la punta de los pies en cada paso.
Toda la clientela lo sigue con la mirada, en silencio.

-Buenaaaaz ¿Qué tal bartender?– dice en un tonito que irrita de inmediato a la paisanada, mientras se apoya con los codos sobre el mostrador arqueando, quizás demasiado, la espalda.
El pulpero lo mira entre desconcertado y medio molesto.
-¿Qué le sirvo paisano?- pregunta secamente mientras seca un vaso con un trapo algo mugriento.
-Mmmmm… Un dikiri de frutiya plizz- responde Poncho con voz suave.
-¿Lo que?- pregunta el gaucho que atiende.
-Un daikiri de frutiya ¿Qué? ¿No hay?- replica Poncho con una sonrisita pretendidamente seductora, mientras hace descansar su mentón entre sus manos.

Uno de los clientes que observaba la escena pierde la paciencia y medio se le abalanza mirádolo fijo y desenvainando su facón, con la evidente intención de achurarlo. Otro lo detiene y se lo lleva para afuera a la rastra.

-Acá hay vino, ginebra, caña, y cerveza ¿Qué va a querer?– responde el despachante de mala manera.
-Ay ¿Pero que claze de pub ez ezte? ¡Oh my God! Ziempre lo mizmo en ezte pueblo- suelta el poco viril paisano. Luego da un suspirito -Bueno, a veeerrrrr (se muerde ligeramente el dedo índice moviéndose levemente hacia un lado y al otro, mientras mira la estantería)… ¡Ay no zeee!... Yo quería daikiri (hace como un pucherito)… Bueno, dame entoncez una zervezita bien frezquita ¿Zi?

El pulpero lo mira con desprecio, sin disimulo, mientras se agacha para sacar la cerveza de la heladera

-Ay, dizculpame buen mozo ¿De cazualidad no tenéz cerveza light, no?- pregunta Poncho.

El tipo le hace que no con la cabeza, le destapa una cerveza común y le acerca un vaso.
Poncho mira el vaso, arruga un poquito la nariz, saca de su riñonera un pañuelito tissue y le limpia cuidadosamente los bordes.
Luego se sirve muy delicadamente la bebida, bebe un sorbito, hace “Ahhhhhhhhh” y se da vuelta, con los codos apoyados en la barra y mirando a la clientela.

Todos lo miran de reojo y siguen con lo suyo, algo intranquilos.
De a poco, el lugar retoma su ritmo habitual.

En un momento, uno de los gauchos que estaba jugando un truco de cuatro se para, abandonando la partida.
-¡Pero no me dejes ahora Tidoni! ¡No seas maula! ¡Falta una mano sola che! ¡Tengo perdidos muchos patacones y necesito compañero para seguir jugando canejo!- le dice Ayala, uno de los gauchos mas recios del lugar, que era su compañero de juego.
-Disculpame Ayala, pero me tengo que volver pa’ las casas. Me espera la china y se m’hizo tarde. Además tengo que sacar a varear los pingos. Otra vez será compadre- responde el gaucho Tidoni mientras se pone el sombrero.
-Si no tenés compañero el partido termina y la plata se pierde Ayala. Esto es asi– acota uno de los jugadores de la pareja contraria -¿Querés llamar a otro gaucho a ver si te segundea la parada?
-¡A ver!- grita Ayala poniéndose de pie –¿Quien se viene a la mesa a jugar un truco por plata? ¡Me falta un compañero canejo!
Algunos se miran entre si pero no responden.
Otros directamente lo ignoran.
-¡¡Vamos canejo que acá tengo la quincena invertida, mierda!! ¿Alguno quiere jugar?- insiste a los gritos el duro paisano.

-Yo me puedo zumar- se escucha decir a una vocecita algo aflautada.

Todos hacen silencio. Alguien tose.

-¡A ver si algún gaucho de ley me hace la segunda dije! ¡Vamos canejo que acá hay plata en juego!– vuelve a gritar Ayala haciéndose como que no escuchó el anterior ofrecimiento.

-¡Aiaaaa! ¿Por qué zeguiz gritando?- reitera Poncho acercándose a la mesa -Te dije que yo puedo jugar.

Ayala maldice entre dientes mirando al piso, pero sabe que acepta el ofrecimiento o pierde lo invertido.

-Bueno, tá bien. Sientesé paisano. Es la última mano. Tiene que poner cien pesos nomás. El resto está jugado. Truco de cuatro. Vale flor- le informa resignado mientras retoma su lugar en la mesa.
-¡Aayyy buenízimo! ¡Me encantan laz florez!- exclama Poncho con entusiasmo, mientras se acomoda en la silla con la espalda bien derechita y las piernas juntitas.

El resto de la clientela se acerca y rodea la mesa para ver la partida. Se dejan oír algunos murmullos.
Uno de los contrarios reparte las cartas, apenas aguantando la risa.

A Ayala le tocan el dos de oro, el tres de espadas y el ancho de bastos. Piensa en las señas que tiene que pasar y se empieza a poner nervioso.
Poncho recibe sus cartas, las mira, y lo empieza a mirar fijamente a los ojos.

-Pongo la primera ¿Tiene algo para el tanto? Si tiene voy allá- dice Ayala con voz de macho.
-Tengo una puntita– responde Poncho en un tono medio libidinoso y con voz para nada varonil –Venga tranquilo paizano, que yo acá tengo algo para que no ze quede dezamparado.

Ayala lo mira mal. Se canta le envido. Poncho canta veintiocho de mano.

-¡Bien caracho!- dice Ayala mientras, sin pensarlo debido al entusiasmo, le manda la seña del dos –Voy con esa.
Poncho abre los ojos muy grandes, luego los entrecierra.
-¡Ay zi, venga con ezo cuando quiera!- responde mientras se muerde lascivamente el labio inferior.
Ayala amaga a jugar su carta pero se detiene.
-¿Tiene eso?– pregunta creyendo que su compañero le estaba pasando una seña.
-¡Tengo ezo y mucho maz!– responde Poncho humedeciéndose un poquito los labios con la lengua.
-¡Póngala usté entonces!– replica Ayala, carraspeando y visiblemente incómodo -Yo voy pa’ la segunda.
-Venga cuando quiera. Primero la pone uzted. Después la pongo yo... A mi me guzta de cualquier forma– contesta Poncho con una gran sonrisa y en tono de estar hablando de cualquier cosa, menos de cartas.

Se juega la primera. Ayala juega igualmente su dos. Uno de los contrarios juega un siete de bastos. Poncho juega el as de copas. Ayala le lanza una mirada de furia.

-¿Usté sabe las señas paisano?- pregunta Ayala apretando los dientes –Hay que pasarlas con claridá ¿Tamo?
-Okis- se apresura a responder Poncho, y en cuanto los contrarios se distraen mira fijo a Ayala, acerca su mano cerrada a un costado de su boca y la empieza a mover hacia adelante y hacia atrás mientras coordinadamente apoya su lengua contra el interior de su mejilla.

Ayala se hace el boludo y carraspea nervioso mirando de reojo para todos lados.
En ese momento, la pareja contraria mata al dos con el siete de espadas y gana la primera.

-¡Ahijuna! ¡Ya saltó el siete bravo!– grita Ayala intentando desviar la atención nuevamente al juego.
-¡Zi ezo te pareze bravo, no zabez lo que ez el mío!– acota medio por lo bajo Poncho mirándolo muy fijo.
Los de la pareja contraria lo miran a Ayala como conteniendo la risa.
-Eeeehhh… ¡¡Voy yo con la segunda canejo!!– grita Ayala con la voz mas varonil que puede poner, apurando las cosas y poniéndose muy colorado.
Pone el tres sin pasarle la seña a Poncho para no empeorar la situación.

Ganan la segunda.

Hay que jugar la tercera, que definirá la mano.
Tiene que hacerle saber a Poncho que tiene el ancho de bastos pero, siendo la seña un guiño de ojo, teme que se pudra todo.
En tanto, Poncho lo mira fijamente y le sonríe como entusiasmado.

La partida sigue.
Ayala transpira como testigo falso. Poncho no le saca los ojos de encima.

-¡Váyase al mazo paisano!- le ordena Ayala con autoridad a su compañero -Esta la juego yo solo.
A Poncho se le borra la sonrisita de golpe. -¡Ay nooo! ¿Por queee? Zi yo también eztoy jugando- le retruca poniendo trompita.
-¡Que se vaya al mazo le digo canejo!- grita Ayala nervioso.
-Nop- responde Poncho inflando los cachetes -Primero me invitaz y dezpuéz no me querez dejar jugar maz ¡Zoz malo!

-¡¡Jueguen de una vez maulas!!– grita uno de los contrincantes algo impaciente y molesto por la escenita.

-¡Zi no voy a jugar maz me voy ya mizmo!- amenaza Poncho.

-¡Si se va tu compañero la mano se termina y ganamos por abandono Ayala!- amenaza el adversario.

Ayala transpira. Jadea. Se muerde los labios, muy nervioso. Lo mira a Poncho que lo sigue mirando fijo, pero ahora con carita de ofendido.

-¡¡Truco carajo!!- grita Ayala.

-¡¡¡Quiero retruco!!!- responde enérgicamente el oponente.

-¡¡Yo quiero zeguir jugando!!- grita Poncho con una vocecita chillona.

-¡¡¡Quiero vale cuatro!!!– retruca Ayala con vehemencia.

-¡¡Yo me voy!! ¡¡Zi no puedo jugar maz, yo me voy!!- insiste Poncho haciendo berrinche y poniéndose de pie.

Ayala lo mira como para matarlo. Piensa en la plata invertida en la apuesta y se arriesga. Le guiña el ojo repetidamente a Poncho, haciéndole saber que tiene el ancho de bastos, para que se deje de joder.

Poncho abre los ojos y la boca, mucho, dando como un gritito sordo, con gesto de felicidad.

-¡Ayyy tontoooo! ¡No me digaz que me eztabaz haziendo un chizte!- grita Poncho exagerando una risita histérica.
-Si, si, bueno, era un chiste- contesta Ayala que lo único que quiere es que el gaucho trolo se vaya al mazo para terminar la partida y recuperar su plata -¡Ahora igual váyase al mazo mierda!
-¡¡¡Que no!!! ¡O juego o no juego!- grita Poncho ofuscado –¡Al final ziempre ez igual con voz. Primero me llamáz y dezpuéz me gritáz que me vaya!

Se hace un momento de silencio sepulcral. Todos los ojos se posan en el recio Ayala.

-¿¡Eh!? ¡¿Pero que dice paisano?!- exclama el gaucho medio ahogándose con saliva y mirando para todos lados intentando esbozar una risa que le sale muy falsa –Si yo a usté lo acabo de conocer.
-¿A zi?- responde Poncho cruzándose de brazos -¿Y haze un mez cuando me llavazte a tu rancho y me hizizte la c…
-¡¡¡¡Pero que decís mariposón pelotudo!!!- interrumpe Ayala fuera de si, arrojando su carta sobre la mesa, poniéndose de pie y llevando la mano a su facón.

-¡JA! ¡Perdiste Ayala! Tiraste la carta boca abajo. Es carta jugada y te fuiste al mazo- grita uno de los oponentes.

-¡¡¡NO!!!- grita Ayala mirando la mesa.

El otro contrincante juega el dos de espadas. Todo depende de la carta de Poncho.

-¡¡¿¿Usté que tiene ahí??!!- increpa Ayala rojo de furia, a su compañero de juego.
-Tengo el corazón roto y ez por tu culpa- responde Poncho en tono melodramático.
-Me parece que tiene roto algo mas que el corazón este paisano jua jua jua- acota uno de los gauchos que estaba mirando.
-Voz cayate que también noz conozemoz bien eh- le dice Poncho mirándolo a los ojos.
-¡¡¡Pero cayate maricón maula!!!- grita el paisano aludido, abalanzándose sobre el incendiario y delicado jugador. Ayala lo detiene en seco.
-¡¡Momento!!- grita amenazante –¡¡Déjenlón que juegue mierda!! Y mas vale que que tenga algo como la gente porque sino se pudre el rancho… ¡¡Juegue carajo!!.

Poncho se queda un instante con su carta presionada contra su pecho y poniendo trompa, con cara de enojado. Luego mira alrededor. Todos están expectantes. Finalmente se encoje de hombros y pone el cuatro de copas sobre la mesa.

Ayala se quiere morir ahí mismo.

-¡¡¡¡Tanto quilombo para eso pedazo de maricón!!!!- le grita ofuscadísimo y con los ojos inyectados de sangre. Luego lanza un alarido, saca su facón y se le va encima.
Poncho da un gritito y rápidamente saca de su riñonera un tubito de gas pimienta con el que rocía generosamente el curtido rostro del gaucho.

Ayala da otro grito, pero ahora de dolor, mientras arroja cuchillazos a ciegas.

Los otros gauchos miran de manera amenazante a Poncho llevando las manos a sus respectivos facones.
Poncho en un arranque de histeria comienza a rociarlos a todos mientras sigue gritando como una niña, con lo cual se arma un despelote bárbaro, con gauchos cegados que se pelean entre si, sillas que vuelan y vasos que se estrellan.

Aprovechando el tumulto, Poncho sale corriendo (y gritando), se sube rápidamente a su ciclomotor y huye por la calle principal del pueblo.

Luego se lo ve pasando para un lado y para el otro, perseguido por un grupo de gauchos a pie que lo siguen agitando sus puños, en cámara rápida, mientras de fondo suena la musiquita de Benny Hill.



Fin.



*Nota: Para aquellos que nos siguen desde otros paises y/o planetas, y no tengan ni idea de como se juega al truco en parejas ni de como son las señas, y por consiguiente no le hayan encontrado gracia a la mayor parte del texto, pueden cliquear AQUI y aprender algo sobre este típico juego argentino.
Si aún así continúan sin encontrarle gracia al artículo, bueno... lo siento, es lo que hay.

Si hay otras palabras que no entienden, para eso está Google. Yo no soy su mami para explicar todo.

MIB: la tira - 21