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Nuevo robótica artículo que escribir automatizador mucho mejorado


Nuevamente he debido recurrir al Buggermatic 2.2, el robot escritor. Esta vez le he dado como tema Caperucita Roja. No se puede negar que es un adelanto con respecto al Buggermatic 2.1
Bueno, sí se puede negar. Se puede negar mucho. 






 La chica que vive con su madre cerca de la grandes incendios forestales. Por otro lado, el bosque es su abuela, que cambió el día, Little Red Riding Hood sabía chicos bastante grande, y lo usan regularmente para que todos sepan que Red Riding Hood. 

Un día su madre le dijo: 

"A ver si estás en casa sola con su abuela en la comida y una taza de mantequilla, y preguntarse cómo es posible, pero tenga cuidado en los caminos por el bosque y deje de hablar. 

Así que Caperucita Roja, que había una cesta en el bosque para visitar a su abuela. Hacia los lobos en los árboles. Ella quería un niño a comer, pero no se atrevió a escuchar con mucha atención, trabajando como leñadores en el bosque. 

Lobo, con una voz amiga le preguntó: 

- ¿Dónde estás, Caperucita Roja? ¿Quién alimentos Canata? 

"Veo a mi abuela, que vive en la Casa Blanca en el otro lado del bosque", dijo Little Red Riding Hood, haciendo caso omiso de su madre, que recomienda, pero sé que es muy peligroso para las niñas a hablar con los lobos. 

"Las patas son muy cortas y no puede venir pronto, y sigo diciendo que la visita a su abuela, dijo que pensaba que el lobo a comer al mismo tiempo. 

Caperucita Roja divertirse en el camino recogiendo flores. Mientras tanto, los lobos hambrientos son los más rápidos en la casa donde vivía su abuela. Estaba muy emocionada porque no he comido en tres días. 

La abuela, sin embargo, deben comenzar más temprano para la gente y el Lobo, la casa está vacía. 

 Vestir la campana de una anciana en la cama y esperar a Caperucita Roja. Cuando en casa, porque tenía miedo de su abuela en la cama y que era muy extraño. 

- ¡Oh! ¡Abuela! Caperucita Roja exclamó: "¿Qué se oye! 

"Es mejor para escuchar", dijo Wolf. 

"Abuelita, qué tan ojos grandes tienes! 

"Es para ver observar en buena mejora mi nieta querido. 

"Abuela, ¡qué dientes tan grandes tienes! 

"Es mejor que comer", dijo Wolf desde su cama. 

Logger, que Caperucita Roja oído gritos en la ventana. Dado el hacha en la casa corrió a ayudar. 

Antes de lobos pueden afectar a la Caperucita Roja, leñador murió terrible derrota. Luego se subió a Bush y luego regresó a su casa de la abuela, la disposición de la Campana y pasar tiempo con alegría.

Bella Durmiente, el descargo. Primera parte



Epítome: Primero pasó esto





Varias semanas han pasado desde el encuentro de Bugman con el Príncipe Encantado. Y a decir verdad, jamás hubiésemos imaginado que aquella trascendental entrevista nos pondría hoy en el lugar en que estamos. "Señores, mi amo de llaves me ha informado acerca de la publicación de un testimonio que me involucra. Me gustaría, si no se oponen, dar mi versión de los hechos. Besos de las buenas noche, BD".
La misteriosa misiva, recibida por uno de los integrantes del staff de MIB, nos dejó a todos, cuanto menos, azorados y flotando en un cúmulo de incertidumbre. Ante la ausencia de Bugman, quien fue visto por última vez a través del ventanal de un lujoso restaurante hablando solo y gesticulando sin motivo aparente hacia lo que parecía ser un interlocutor invisible, decidí recoger el guante y buscar respuesta al urgido llamado al descargo por parte de nuestro nuevo y anónimo amigo epistolar.
Dos horas más tarde tomé contacto con Olaf, un reconocido repostero de origen noruego y especialista en la elaboración de fattigmans que supo ganarse los favores amorosos de mi prima segunda y que en sus tiempos libres colabora con una publicación germana de dudosa calidad fotografiando señoritas ligeras de ropa.
-Voy a necesitar alguien que se encargue de retratar este encuentro-, le dije a Olaf, al tiempo que pensaba que su bestial corpulencia podía ser de valiosa utilidad si las cosas llegaban a ponerse feas.
La respuesta fue afirmativa. Tres horas después, y posteriormente a ponernos en tema, llevar adelante las averiguaciones del caso, contactarnos con nuestro enigmático remitente y realizar todos los arreglos correspondientes, me encontraba junto al compañero vikingo presto para abordar el lujoso Cindirella United Lines Oceanic, una fastuosa embarcación marítima cuyo último destino era, ni más ni menos, la paradisíaca isla de Barbados.

Luego de diez días de travesía en altamar, finalmente llegamos a bahía Carlisle, donde nos agenciamos los servicios de Maní Gillette, un simpatiquísimo nativo que a partir de aquel momento y por un precio en verdad irrisorio se convertiría en nuestro guía, traductor y chofer durante el tiempo que durase la estadía. Durante el trayecto desde el puerto de Carlisle hasta la opulenta mansión de los Durmientes ubicada en la bellísima ciudad de Holetown pudimos apreciar la belleza de la flora autóctona, la variedad de su fauna y, no sin sorpresa, la cantidad de personajes fantásticos que pululan libremente por su territorio. Rodeada por dos inmensos montes, esta pequeña urbe se extendía a lo largo de una profunda meseta descampada ocupada, en su mayoría, por construcciones de elgantísimo porte.
-Parece un culo -esbozó Olaf, haciendo gala de su agudo sentido de observación y su severo poder de síntesis.
-Señores, hemos llegado -nos comunicó Maní señalando un predio de varias hectáreas en cuyo centro, incólume, se levantaba un esplendoroso castillo.

Nos apersonamos hasta el portón de ingreso, flanqueado a ambos lados por dos garitas de seguridad.
- Buenas tardes, vengo a entrevistarme con la señorita Bella, tenemos una cita - dije a uno de los dos gnomos de lentes negros y gesto adusto que moraban en la casilla mientras le alcanzaba la carta, mi documento y el de Olaf.
- Pasen señores, los están esperando -respondió el hombrecillo echándole una dura mirada, entrecerrando los ojos y frunciendo la boca, a mi acompañante. Si bien es de público conocimiento la poca afección por parte de los gnomos hacia los noruegos, esta acción generó un pequeño foco de tensión, el cual casi deriva en un escándalo mayúsculo cuando, valga la redundancia, Olaf amagó a bajarse los pantalones e incrustar sus nalgas contra el vidrio de la pequeña caseta.

Una vez superado el angustioso momento, un ogro vestido de botones nos escoltó hasta la escalinata principal del castillo donde nos esperaba el que asumimos sería el amo de llaves mencionado en el escrito que derivó en esta particular empresa.

- Buenas tardes, vengo a entrevistarme con la señorita Bella, tenemos una cita -repetí al estrechar la mano del sujeto.
- Comprendo, la doncella los está esperando -acotó en un tono por demás gentil.
- Seré curioso -inquirí- Usted debe llevar años en la familia, así que supongo que debe tener suficiente conocimiento acerca de la relación de la señorita Bella con el Príncipe Encantado, por lo que... -el hombre detuvo la marcha, giró sobre sus talones y, haciendo una reverencia e interrumpiendo mis palabras, extendió su mano nuevamente.
- Encantado, un placer.
- Sí, sí, encantado, un gusto, el placer es nuestro, pero me refería a que si usted podría proporcionarnos alguna información sobre cómo era la relación entre la princesa y el príncipe, cómo siente que está hoy...
El hombre volvió a detener su paso, volvió a repetir la reverencia y volvió a extender su mano derecha.
- Yo estoy muy bien, señor, muy amable de su parte. ¿Usted cómo está? ¿Bien? Gustaría...
- Sí, perfectamente, gracias -respondí visiblemente ofuscado- Lo que intento saber es si, antes de reunirme con la princesa, usted puede ponerme en autos...
- Por supuesto, señor, tenemos una exclusiva flota de rodados. Roll-Royce, Mercedes Benz, Audi, lo que guste. Pida y no habrá inconvenientes. Incluso tenemos algunos carruajes que, si bien no cuentan con las características de un automóvil, no están exentos de elegancia...
-¡Pero hombre! Présteme atención -interrumpí al borde de la desesperación- Lo que me gustaría saber es si usted guarda algún detalle escabroso, algún dato importante acerca de la conducta del príncipe...
Hizo una breve pausa. Me miró fijo a los ojos y, bajando el tono de voz, casi susurrando, confesó:
- Manéjese con cuidado. De todo lo que alguna vez le contaron sobre esta historia, nada es lo que parece.


Continuará

Artículo que escribiendo robot de automatización automático.


He estado muy ocupado con asuntos que no vienen al caso (este no es un blog personal), y como quien no quiere la cosa se me vino encima la fecha límite de entrega de mi artículo para MIB. (Porque nosotros tenemos fechas de entrega. A quién se le habrá ocurrido semejante idea). 
Así las cosas, tuve que recurrir a mi viejo Buggermatic 2.1, el escritor robot. Como todavía en esta versión no tiene creatividad propia,  le tuve que dar un tema. Le dije que reescribiera el cuento "La zorra y las uvas". 
Con ustedes, el futuro de la escritura.


Esta ha sido una caída, y el zorro que vivía en un escondite en la selva, cada noche se mantuvo en los ratones, que fueron muy gorda en el momento del año, y los jóvenes idiotas, porque se les permite cazar con la instalación. Una verdad que revela Fox tuvo una comida favorita de pollo tierno huesecitos bueno, pero con el tiempo la guardia de perro grande del gallinero era un poco deseable, y es necesario para cumplir con el bosque ofrece ratones, ranas y un lirón.

En cualquier caso, una mañana me desperté un zorro con cierta sequedad en su garganta, y con deseos de comer algo más que comer de refrigeración se usa. Por ejemplo, uvas bien pocas. Y de la brisa ricos creció uva moscatel. "Bueno - se dijo en el zorro. Hoy el cambio hace mucho. Después de todas las veces, la carne de los ratones, me sentaré algunos buenos frutos." Y fue un escalador de vid, que se percató de que el olor. Vigas colgadas firmemente detrás de ella. Había grandes de cantidad, pero ... "Es sorpresa! - Se reprendió a los animales, pensando que no eran tan altas. Con un buen salto para ponerse al día.

Esto llevó la carrera y saltó sin aliento. Pero: ¿qué va! Esto llegó a un montón de escala: el salto lo había dejado corto. Sin embargo, el zorro no se anima negativo. De nuevo, esto tuvo la carrera y saltó de nuevo, ¡nada! Trató nuevamente insistió en la prueba, pero las uvas parecían cada vez más mucho de altura grande. Respirada difícil de cansino por sus esforzando, la zorra es convencida que era inútil repetición de empírico. Paquetes eran demasiado altura grande para  alcanzar de un salto.
Se retiró desde entonces, el despido de las uvas, y esto estuviera sucediendo de nuevo en el bosque cuando se dio cuenta de que una rama cerca de un pájaro se observó completa  escena. ¿Qué papel jugaron este ridículo! Así es, la mujer de Fox no había querido aprobar. Pero en este punto que pensó que encontró una salida bien ventilado
- ¿Sabes? - Él dijo, ve al pájaro ", me advirtieron que tenían más edad, pero veo que todavía están verdes. Así que no voy a tomarlos. Sour uva no es un plato adecuado para que esto tiene el paladar y bueno como yo.

Y esto era arrogante, que para quedar con dignidad, mientras que tanto las aves de entretenimiento sacudió la cabeza.




Nota: Los comentarios de lectores que amables es encargo de amo Bugman que Buggermatic 2.1 contestará.

Blancanieves - Parte dos : El Enano




Viene de la primera parte.
Segunda y última parte de esta famosa historia, contada por sus protagonistas.




Mientras me frotaba el tobillo atacado, el enano hizo un ruido que yo interpreté como un acceso de tos o un estornudo, de manera que contesté con el tradicional "Salud". Pero resultó que eso que había proferido era su apellido, un apellido tan escaso de vocales como un insulto noruego. Vaya uno a saber si no era en realidad un insulto noruego y el enano me estaba cargando. Me dio una tarjeta que guardé en un bolsillo luego de echarle una mirada y ver que tampoco así me iba a aprender ese amasijo de consonantes.
Me invitó a almorzar a un lugar bastante caro, yo pedí de todo un poco en venganza por la patada en el tobillo y porque además tenia hambre atrasada.
Me preguntó que me había dicho La Señora y le hice un breve resumen de la entrevista. No me costó mucho, porque la entrevista misma había sido breve. Y mi interlocutor también era breve. Je. (Este tipo de pensamientos me asaltó durante todo el almuerzo).
El Señor de Apellido Impronunciable me escuchó atentamente y luego replicó con una voz sorprendentemente alta (je,je) : -Patrañas.
-¿Qué cosa? -pregunté intentando no hablar con la boca llena.
-Prácticamente todo -contestó mientras observaba fascinado cómo yo daba cuenta de una costillita de cordero casi sin respirar.
-¿Entonces qué, ustedes eran en realidad mineros?
-Depende de su definición de mineros.
-La clásica, supongo, gente que se dedica a la minería.
-Depende de lo que entienda por minería.
-¿Este...explotación de minas?
-Depende de lo que entienda por explotación.
-Caramba., -dije yo luego de trasegar un abundante vaso de Chateau Sacrebleu cosecha 1955-no pensé que fuera tan complicado. No lo sigo.
-Bueno, técnicamente, vivíamos de una mina(*). No, mejor dicho, de varias.
-¿Había más de una mina? ¿De qué minerales?
-No acabo de decidir si usted es muy astuto o muy estúpido. Vivíamos de las minas, de las minas, ¿entiende? (Esto ultimo lo dijo en voz más bien baja -je,je,je-).

Como yo seguía parpadeando y mirándolo sin hacer el menor gesto de comprensión, el enano sacudió la cabeza, se miró los pies que colgaban al borde de su silla, y casi en un susurro dijo:
-Eramos proxenetas, señor Bugman.
Me quedé sin decir nada un rato. Porque habían traído las pechuguitas de faisán y no quise esperar para hacerles justicia. Y porque no sabía muy bien qué decir. Al final atiné a preguntar:
-¿Todos ustedes? ¿Los siete?
-No, Bugman, éramos tres Escribanos Públicos, dos violinistas de la Filarmónica, un anacoreta y un solo proxeneta. ¡Pero claro que todos! A nuestro favor, y por eso quise ser muy cuidadoso cuando usted preguntó, le diré que no explotábamos a las mujeres, más bien teníamos una sociedad. Algunos de nosotros terminamos casados con ex socias y todo.
-¿Usted?
-No, yo no. Y tampoco Sabio.
Quise preguntarle cuál de los siete era él, pero no me decidí. A lo mejor se ofendía y se iba y yo todavía no había pedido el postre. Y no me iba a alcanzar la plata para pagar la cuenta. Mudito no podía ser, Romántico no parecía, Dormilón tampoco, Mocoso a lo mejor se había operado o algo. Para mí que era Gruñón. Tragué otro vaso de vino (este era un chardonnay, el enano sabía de maridajes) y un poquito alegre pregunté:
-Y...¿Blancanieves?
-¿Qué hay con ella? -preguntó el enano un poco a la defensiva.
Hice una pausa para tomar una copa del  Louis Roederer Cristal que a mi pedido había servido el mozo. Estaba un poco mareado, la verdad. Yo, estaba mareado. El mozo no sé. No parecía. 
-Digo...bueno...jeje..usted sabe...vaaaamosss...jiji.-alcancé a decir, un poco más festivamente de lo calculado.
-No entiendo a qué se refiere. Ella vino a nosotros en busca de refugio, y la acogimos...
-Jijijiji....sssi...la acogieron...
-En efecto, nosotros...
-Acogie...ron..jiji.
-Quiero decir que le dimos refugio, y le prestamos asistencia mientras...
-Aco...jijijiiiii.
-¿Oiga, se siente bien?
-Ferpectamente.
-Bien, le decía, Blanquita se escapó de la casa y nos vino a tocar la puerta. La recibimos y le brindamos nuestro hogar, fue como una sobrina para nosotros. Bueno, casi. Sé que es difícil de creer que...Oiga, ¿puede por favor usar una copa?
-Me dijo la Sheeñobra ...que la blanquitas era medio re...
-¿Rebelde?
-No, medio rev...reve...
-¿Reveladora?
-Reveeee...revennn...¡reventada!. ¡Jijiji! Acogieron..jiji.
-Oiga, señor Bugman, usted no sabe con quién está hablando.
-¿Ushhted no es...lenano? Jiji...
-Sí, y también el esposo de Blancanieves.
-...
-Quiero decir, me casé con ella.
-...
-Que es mi mujer.
-¿Ussshtes? Nooooo...
-Que sí.
-No puebde sher...porques había un...princ...principle...ushtesss... no eshhh... 
Sacó una foto, y me la mostró. Recuerdo que alcancé a ver una montaña coronada de nieve. No, no era una montaña. A no ser que fuera una montaña que usara vestido.
-Juaaassss.pareshe Mob...Mobil...Mody...¡Moby Dick!

Fundido a negro.

Supongo que el enano habrá llamado a un taxi, o me habrá llevado en su limusina, porque de alguna manera llegué a mi casa y me acosté vestido. Dormí hasta el otro día, y la verdad es que salvo algunos dolores en el cuerpo fruto de los afanes de la seguridad de la Señora, me desperté en aceptable estado. Ventajas de emborracharse con alcohol de calidad.
Buscando en el bolsillo del saco alguna aspirina, encontré una tarjeta que decía:

"El Príncipe de los Electrodomésticos"
Henrich Grvskawlovjmarensohornn.
Gerente.



(*)En Argentina y otros países, coloquialmente, mujer.

Blancanieves - Parte uno : La Señora


Uno de los cuentos infantiles más populares de todos los tiempos es el de Blancanieves y los Siete Enanitos. Una curiosa historia, en verdad. 
Conseguimos entrevistarnos con una de sus protagonistas, que nos contó otra versión, tal vez más cruda, tal vez más descarnada, tal vez menos aburrida. 






(Prescindiremos del relato de la historia en su forma tradicional, por estar bajo la impresión de que casi todos los amables lectores la conocen bastante bien. De todas maneras, si alguien desea refrescar un poco la memoria, lo puede hacer visitando este enlace.)


Me dirigí a la dirección que luego de muchas horas de paciente investigación, algunos sobornos y una pizca de suerte había conseguido. La casa era realmente impresionante, una mansión con leones de mármol en la puerta y todo. Un poco exagerado para mi gusto, pero al menos no había enanos de yeso en el jardín. Al menos en la parte del jardín que alcanzaba a divisarse.
No me sorprendió que un mayordomo acudiera cuando toqué el timbre.
-¿En qué puedo ayudarle, caballero?-dijo el sirviente en tono ceremonioso.
-Tengo una cita con la Malvada Madrastra-contesté.
-Oh. Un momento, por favor -exclamó el mayordomo, frunciendo el entrecejo.

Me dejaron unos minutos solo en la puerta, hasta que el mismo mayordomo apareció y me invitó a entrar.
-La Señora lo atenderá ahora-dijo-y me permito recomendarle al caballero que no se refiera a ella con el apelativo que ha utilizado antes.
-¿Cuál?-pregunté- ¿Madrastra o Malvada?
-Ninguno de los dos, caballero -contestó el mayordomo, mirándome con fijeza.

El mayordomo me guió a través de una interminable sucesión de salas, todas enormes y decoradas con una especie de eclecticismo inverso donde parecía que alguien se había empeñado en elegir los peores exponentes de cuadros, jarrones, tapices, alfombras y muebles de todas las épocas de la Historia. Finalmente, llegamos a una estancia de aspecto muy moderno, que estaba llena de aparatos cuya finalidad específica se me escapó, pero que parecían tener algo que ver con la Medicina.  Rodeada de una media docena de señores con batas blancas de cirujano, estaba la Malva...quiero decir, la Señora, sentada en un sillón parecido a los que usan los dentistas.

Su aspecto me sorprendió. Esperaba encontrarme con una anciana, y en cambio la persona que me sonreía de forma extraña y me hacía gestos para que me acercara se parecía más a una muñeca Barbie. Una muñeca Barbie que hubiera sido usada como juguete por un perro de mandíbulas muy fuertes, digamos un rottweiler. Y que luego de eso hubiera sido abandonada en una ruta por donde pasaran muchos camiones. Después de haber sido cocinada en un horno de microondas. Uno de esos que tienen grill.


-Adelante, señor Bugman, lo estaba esperando -dijo la...Señora-confío en que no le incomode que los chicos hagan su trabajo mientras hablamos.
Se refería, claro está, a los hombres de aspecto cirujanil, cuyo propósito acababa de quedarme claro.
-No, por supuesto que no, Señora-contesté mientras me acercaba observando ese rostro fascinante. U horripilante, no me pude decidir.
-Bueno, ¿qué quiere saber?-dijo la Señora con una voz algo cascada, mientras uno de los cirujanos extraía con una jeringa un líquido verdoso desde una de sus orejas.
-Eh...para empezar..¿me podría hablar un poco de Blancanieves?-me obligué a preguntar, totalmente hipnotizado por los espantosos procedimientos que se desarrollaban ante mis ojos-¿Cómo era su relación con ella?
-Ah, Blancanieves-curiosamente, pronunció su nombre sin antipatía, casi con cariño-Verá, ella era un poco re...-se detuvo.
Esperé unos segundos, pero no terminó la frase. Parecía como si se le hubiera paralizado el rostro. No, no parecía, se le había paralizado en verdad.
-¿Rebelde?-pregunté-pero la Señora sacudía la cabeza negando, sin poder articular una palabra. -¿Respondona? -más sacudidas, y un gesto a uno de los de bata blanca, señalándose la mandíbula.-¿Recatada? ¿Remilgada? ¿Rencorosa? ¿Republicana? -yo continuaba adivinando, mientras la Señora me hacía que "no" con una mano y un bata blanca le inyectaba algo en la mejilla. -¿Restauradora? ¿Repulsiva? ¿Rebuscada? ¿Recelosa? ¿Refulgente? ¿Refugiada? ¿Relojera? -me entusiasmé-¿Renacentista? ¿Resentida? ¿Resbaladiza? ¿Revendedora? ¿Rechoncha?-la inyección hizo efecto y la Señora movió una o dos veces la boca como diciendo "O-A-I",  luego me miró y dijo:

-Reventada.
-Oh-alcancé a decir, mientras uno de los cirujanos se acercaba a la Señora con una tijera enorme en la mano.
-Usted sabe-continuó la Señora-Una jovencita con mucho dinero, un padre ausente, lo típico. Yo no le podía poner límites, y ella me veía como competencia. -sonrió, o hizo una mueca parecida-bueno, es natural-dijo haciendo el gesto de recorrer su cuerpo con las manos.
Me quedé callado un minuto completo, o dos. Nada de lo que podía verse enfundado en ese vestido apretado podía calificarse ni remotamente como "natural".
-Y...¿qué puede decirme de las acusaciones de que la mandó a matar?-pregunté.
-Tonterías-contestó la Señora, al tiempo que el cirujano de la tijera grandota cortaba un trozo considerable de piel de su antebrazo y sellaba la herida con una especie de pistola de pegamento -Lo que en realidad sucedió es que Blanquita se fue de casa y se juntó con una banda de delincuentes.
-¿Usted se refiere a los enanos mineros?-inquirí.
-De mineros tenían lo mismo que yo de japonesa-dijo- y noté que a fuerza de estiramientos, ciertamente los ojos le habían quedado rasgados.
-Pero, y...¿la manzana envenenada?-pregunté.
-Bueno, bueno, cómo se falsean las cosas-contestó la Señora mientras otro tipo de guardapolvo le aplicaba una amoladora en los talones. -La verdad es que la fui a buscar al aguantadero de esos malandrines y le ofrecí un trabajo. Se me ocurrió que si encontraba algo que la mantuviera ocupada iba a sentar cabeza. Me sacó corriendo, claro.
-No entiendo -dije, porque no entendía-¿qué tiene que ver la manzana?
-Ah, es que era un trabajo en Apple. -sonrió, o hizo esa mueca de antes-yo tengo mis contactos.
-Bien, ¿Y qué pasó después?-pregunté, intentando apurar la entrevista porque ya me estaba sintiendo incómodo, máxime considerando que por una puerta del salón entraban dos tipos más (estos con bata azul), arrastrando una máquina de aspecto atemorizante.
-Lo que sucede a veces con chicas así. Blanquita se enamoró de un muchacho de buena familia, se casaron, tuvieron un montón de críos y ella no tuvo más tiempo para estupideces y engordó una barbaridad.-Esto último lo dijo con una especie de deleite perverso. Uno de los doctores le clavó una gruesa aguja conectada a un tubo en el muslo derecho. Ella ni se inmutó.
-¿Y usted? La historia dice que la expulsaron del Reino.-dije dispuesto a terminar, la máquina tenebrosa se acercaba junto a sus dos servidores.
-No, no. Yo simplemente me retiré. Enviudé, el difunto me dejó bastante bien económicamente, y me dedico a disfrutar de la vida, y a mantenerme bella. ¿Usted cuántos años creería que tengo?-preguntó la Señora, y se quedó mirándome fijo. Quería que le contestara.
-Eh...-titubeé-buennno... considerando los años que tiene la historia...sin basarme en su aspecto, claro...yo diría que...unos setenta y...¿ocho?
Se produjo un silencio profundo en la sala, matizado únicamente por el ¡chuf-chuf! del aparato de liposucción que le habían aplicado al muslo.
La Señora no dijo nada. Me miró con los ojos muy abiertos durante varios segundos, hasta que se le cayó un párpado. Literalmente. Se desprendió del rostro y se deslizó hasta el piso. Un cirujano lo recogió y lo puso en un frasquito.
La Señora levantó un dedo sin dejar de mirarme, y al instante salieron de quién sabe donde una media docena de muchachos fornidos de uniforme negro. Me tomaron por debajo de las axilas y me trasladaron algo menos que amablemente hasta la salida. Pero antes me molieron un poquito a palos.
Lo próximo que supe es que estaba en la calle de acceso a la mansión, que me dolía bastante todo lo que en mi cuerpo estuviera conectado a una terminal nerviosa, y que ya era de noche. Me incorporé lentamente acompañando la operación con quejidos. En ese instante sonó mi teléfono celular.

-¿Hola?
-¿Señor Bugman?-dijo una voz un tanto cómica.
-Sí, él habla.
-Tengo información para usted.
-¿Quién habla?
-Baje la cabeza.
-¿Usted se refiere que debo ser humilde y evitar que mi ego me domine?
-No, no, que mire abajo.
-¿Quiere decir que no pierda de vista a los desposeídos, a los que están en la base de la sociedad?
-¡NO! ¡Que mire abajo, idiota!

Sentí un súbito empeoramiento del malestar general, pero localizado en uno de mis tobillos, lo que hizo que, efectivamente, bajara la vista. Lo que vi fue un enano vestido de elegante traje azul de tres piezas y barba impecablemente recortada sosteniendo un teléfono celular de esos nuevos que hay ahora llenos de firindulis, y que tenía todo el aspecto de haber originado mi repentino dolor mediante la adecuada aplicación de la física en forma de patada.

Continuará


The Bugman True Fairy Tales Stories

Los cuentos y fábulas que nos contaron cuando éramos niños tienen un final cerrado. ¿Nunca se ha preguntado, estimado lector, qué pasó después con sus protagonistas? ¿Será verdad que fueron felices para siempre? ¿Qué efectos tiene sobre la salud una dieta consistente exclusivamente de carne de perdiz? ¿Los jueces nada tienen que decir sobre las evidentes infracciones a las leyes que cometen los duendes, enanos, príncipes, brujas, hadas,lobos y ogros? ¿Qué secuelas emocionales produce en una jovencita el hecho de ser obligada a convivir con siete deformes degenerados? Intentaremos echar un poco de luz sobre tan oscuros asuntos, en esta sección no apta para aquellos menores que todavía no han desarrollado un saludable cinismo.


La Bella Durmiente.
Los hechos: Los Reyes de un reino no identificado festejan el nacimiento de su primera hija. Por errores de protocolo o complicaciones logísticas, no le llega la invitación al convite a un hada madrina rencorosa, que de todas maneras se presenta y encanta (en el sentido de "lanzar un encantamiento", no en el de "esto me gusta una barbaridad") a la recién nacida Princesa, de manera que si algún día se pinchara un dedo con un primitivo dispositivo para hilar, se quedaría dormida durante cien años, hasta que un príncipe la viniera a despertar con un beso. A pesar de las precauciones que se toman para evitarlos, dichos acontecimientos se producen. El Príncipe y la Princesa se casan, y son felices, y comen perdices, y mí no me dieron porque yo no quise. Fin.



Diez años después, encontramos al ex-Príncipe viviendo en un departamento alquilado de dos ambientes, planta baja, contrafrente, bajas expensas. Este es su testimonio:

"No, si yo más tarambana no pude ser", nos dice mientras calienta agua para el té en un jarrito de aluminio medio abollado. "Caí como un chorlito". "Resulta que los de los cien años, el hada madrina y el hechizo eran todo un bluff, la muy princesa (dice esto como mordiendo las palabras) se había comido un puré de Valium para hacerse la embrujada"
Le preguntamos para qué, entonces, se había inventado la historia. Así, se lo preguntamos:

-¿Entonces para qué se inventó la historia?

-Para sacarme plata, por supuesto. El Reino de la Princesa (otra vez las palabras mordidas) estaba hasta las verijas de deudas. Los Reyes no tuvieron mejor idea que casar a la nena con algún papanatas con plata para tapar los agujeros. ¿Y quién era el candidato indiscutible al premio del botarate del año? (levanta la mano). Mire, no le voy a mentir. La nena estaba buenísima. Parecía un angelito, ahí, durmiendo el sueño de los potentemente sedados. Y caí, caí por esos ojos soñadores. Esos ojos de sueño, en todo caso.

-¿Qué pasó después?-preguntamos al tiempo que rechazamos cortésmente un trozo de pan duro.

-Bueno-, dice el ex Príncipe, mientras toma de una lata medio oxidada un saquito de té bastante batallado y lo introduce en el jarrito con agua caliente- pasó que mi papá se jubiló, y yo quedé como Rey, y me casé con la dormilona.

-¿Usted fue Rey?-preguntamos, porque esa parte del cuento no la habíamos leído.

-Sí, ¡El Rey de los papafritas!-contesta el ex-Rey, con una especie de amargura alegre, si eso fuera posible.

-Fui Rey, continúa, y la Princesa (vuelve el tono masticatorio) fue Reina. Y entonces, como es la costumbre, mi reino y el de ella se unificaron. Y ahí empezaron los problemas. Porque la siestita no había durado cien años, pero las deudas sí. Cuando comenzaron a llegar las facturas, empecé a preguntar y la muy zorra me decía que no sabía, que había estado durmiendo. ¿Sabe lo que es el interés compuesto aplicado a una deuda de un siglo? Yo tampoco sabía, pero aprendí de golpe.
El ex Rey nos ofrece una taza mellada conteniendo un liquido apenas coloreado. Lo aceptamos para no parecer descorteses, pero no lo bebemos.

-Me gasté todo el tesoro pagando los platos rotos de los parientes de la Princesa (juraríamos que en esta ocasión se partió un diente al mencionarla). Y cuando se acabó, tuve que aumentar los impuestos. El pueblo se puso un poco nervioso.

-Bueno,-decimos, más que nada para evitar tomarnos el brebaje porque advertimos que una mosca está nadando estilo libre en nuestra taza-pero el reino unificado era más grande, había más contribuyentes...

-¡Ja!-medio ríe, medio grita el ex monarca-¡Contribuyentes! ¡Una manga de secos, eran! ¡Si los dabas vuelta no se les caía ni la caspa!. No, no, si era un flor de regalito, el reino de la Princesa. (ahora sí, se lleva la mano a a la mandíbula y escupe algo, estamos seguros de que fue una muela).

-Para colmo, -continúa-la Prin...(un rictus de dolor recorre su rostro)..la Reina, (hace un gesto consistente en cerrar un puño manteniendo el pulgar estirado, y se lleva el pulgar a la boca, con el meñique algo elevado).

-¿Se chupaba el dedo?-preguntamos.

Nos mira por un rato. Sacude la cabeza. Prosigue.

-Quiero decir que bebía como un cosaco. No como cualquier cosaco. Como un cosaco al cual sus compañeros cosacos le dicen "¿Vladimir, no crees que ya fue suficiente vodka?", y Vladimir les contesta cosas relacionadas con balalaikas y mujiks y San Petesburgo y sigue bebiendo. Y todo en ruso.

-Ah, disculpe. Continúe, por favor.-lo animamos.

-En fin, no hay mucho más que contar. El pueblo se hartó y organizó una revolución, me destituyeron y me perdonaron la vida gracias a mi padre que intercedió por mí. Pero me exiliaron. Y cuando volvía de negociar las condiciones del exilio, la muy zorra se había fugado con mi Gran Chambelán. Llevándose de paso todo lo que quedaba en el palacio, desde las obras de arte hasta la vajilla, pasando por las tapitas de la luz y las tablas de los inodoros. Yo me vine acá y conseguí un trabajo en una obra infantil, hago de Príncipe Verde, aprovecho el vestuario que ya tenia. El director está muy contento, dice que tengo el fisique du rol.

-¿Y..qué paso con...?-no nos atrevemos a nombrarla.

-Me enteré por un amigo que trabaja en un hotel en las Bermudas que está allá, con el traidor del Chambelán y sus padres, que por supuesto no habían muerto hacía muchos años como me hizo creer. Dándose la gran vida. Y antes de que me pregunte ya averigüé, no hay tratado de extradición.

En realidad, no le íbamos a preguntar. No sabemos lo que significa un tratado de extradición.

Nos despedimos del depuesto monarca con la promesa de volver a visitarlo, y de llevar a nuestros sobrinos a ver la obra (El Príncipe Verde y las Recuperadoras de Materiales Reciclables, se llama, parece que es uno de esos bodrios con mensaje ecológico)
Cuando vamos saliendo, nos pide unos pesos.

-Para los chicos -nos dice.

No tenemos cambio.

Buenas noches