Confesiones de fin de año: Los porotos de Del Río.



Acápite: Fin de año. Confesión grupal. Los porotos de Del Río. La semilla de la malicia. Impunidad. Su turno.



Hemos llegado a fin de año. Arrastrándonos pero llegamos, y eso es lo único que importa en este momento. Es cierto que podríamos preguntarnos por qué al Señor Briks le dieron un gorrito de Papanuél para posar en la foto que acompaña su artículo del viernes pasado, aunque no es menos cierta nuestra firme decisión de ignorar la afrenta. Tengamos la fiesta en paz. Nosotros seremos miserables, nunca se nos cruzó por la cabeza la idea de negar esa condición, pero no somos rencorosos. Si alguna vez pensáramos armar un escándalo en la administración del blog, el mismo jamás se basaría en un simple gorrito navideño. Nosotros solo iniciamos revoluciones que puedan conducirnos al poder absoluto.

En fin, supongo que con una queja por escrito será suficiente.

Decía entonces que hemos llegado a fin de año, y que estuve pensando que sería maravilloso despedirlo con la confesión grupal de algún acto miserable llevado a cabo en un pasado inmediato, mediato o incluso remoto.

Bueno, esto último no lo había dicho, pero lo digo ahora. Qué tanto. Me parece que hemos visto demasiada teoría de la miseria humana y, queriéndolo o no, dejamos de lado el ejemplo práctico, el pergamino que revalida nuestra pertenencia a este selecto club.

¿Cómo qué club?

Oiga, usted además de miserable es bastante corto de entendederas eh. Seguramente no va a ser capaz de confesarme ninguna tropelía que haya quedado impune, y me va a arruinar el ejercicio colectivo.

En fin… no se preocupe. Empiezo yo, así que va a tener algunos minutos para hacer memoria, o en su defecto para inventar alguna canallada con final feliz.

Por ahora limítese a leer, y de paso trate de aprender algo.

Confesión:

¡SÍ, FUI YO EL QUE SE ECHÓ UNA SOBERANA MEADA EN EL FRASCO DE POROTOS GERMINADOS DE DEL RÍO!

Y también fui yo el que sacudió las gotitas sobre el cuaderno de comunicaciones de Daniela Sánchez, aunque esto fue solo un hecho accesorio ocasionado –quizás- por el frenesí de malicia que acababa de experimentar. No creo que pueda juzgarse una y otra actitud con la misma severidad.

Año 1983. Este simpático infante cuenta con un permiso de evacuación otorgado en plena clase de matemáticas por su maestra de cuarto grado. Sin embargo, camino al baño de varones nota que el aula de quinto grado se encuentra desierta. Los niños tienen clase de gimnasia, y están en el campo de deportes. Él lo sabe, se da cuenta, y por lo tanto no logra contener el impulso de realizar una rápida inspección del lugar.

Reina en el recinto un absoluto silencio. Desierto el escritorio de la maestra. Inundado de letras y números el pizarrón. Repletos los pupitres de cuadernos y cartucheras que aguardan un pronto regreso de sus propietarios. Y en el alféizar de la ventana, al calor del sol primaveral, una treintena de frascos.

El mocoso se arrima –aún- sin ninguna intención de perjudicar al prójimo. El interior de cada frasco contiene un algodón húmedo rodeado por un papel secante que comprime contra el vidrio un puñado de porotos a medio germinar. Y todos (me refiero a los frascos, no a los porotos) tienen pegada una etiqueta con el nombre del dueño.

Los brotes en el frasco de Del Río se alzan vigorosos. No así los de sus compañeros. Compite quizás el frasco de Corti, pero sin demasiada convicción. El resto está del todo fuera de la discusión. Son plantas raquíticas y timoratas que muy probablemente jamás superen la boca del recipiente.

Este inocente borrego concibe una idea. Un plan de acción. Y no lo medita. Procede con una sangre fría de la que solo tomará conciencia varios años más tarde.

¿Te enteraste?

¿De qué?

Los de quinto están sin recreo hasta que la seño sepa quién hizo pis en el frasco de porotos de Del Río.

Oh.

Nada se dice, sin embargo, sobre el cuaderno de comunicaciones de Daniela Sánchez. Algo es algo.

Ahora los recreos de quinto grado dependen enteramente de la conciencia del incontinente, pero la misma se encuentra maniatada y amordazada en algún recóndito compartimiento de su mente. Su perversa mente.

No hay testigos. No será necesario comprar silencios, y su reputación lo exime de toda sospecha. Es un pequeño de los que hay pocos. Tímido, silencioso, respetuoso, aplicado. Un encanto de nene.

Su conciencia por fin resuelve los complejos lazos que la mantenían cautiva, pero ya es demasiado tarde. El incidente compromete ahora el interés de las máximas autoridades, y él intuye sobradamente el concepto de impunidad. No conoce la palabra, sería incapaz de deletrearla, pero ya sabe que está hacia el norte. Su norte. Si de él dependiera –y depende- podrían expulsar a las tres divisiones de quinto grado, y aun así no diría esta boca es mía.

Han transcurrido más de diez días desde el atentado. Un Del Río abatido observa su nuevo frasco con cuatro porotos blanquísimos y rezagados. Este simpático infante presume que los anteriores habrán fallecido, o a lo sumo habrán sido sacrificados por la maestra. En el fondo da lo mismo.

Mientras tanto un Corti orgulloso celebra el triunfo de su planta.

Y un miserable de ley contempla el primer brote de la semilla de su malicia. Una semilla peligrosa. No le gustan los otros brotes, eso está bastante claro.

Tal vez por eso haya decidido mear a la competencia.

¿Quién podría culparla?



Ahora me dispongo a escuchar un buen número de confesiones horrendas.

Espero que estén a la altura y revaliden con creces su pertenencia a este selecto club.

¿Cómo qué club?

Ay Dios mío…

Basta de cháchara. Las mejores anécdotas serán relatadas –siempre desde mi óptica- en sucesivas entregas.

Confío en ustedes.



Tengan ustedes muy buenas noches.

32 comentarios:

Briks dijo...

miserable es el que programó su entrada para un dia trece

Yoni Bigud dijo...

Oh. Empezamos mal, lo cual no me extraña.

Sir Lothar Mambetta dijo...

¡Ay, la impunidad! ¡Qué generosa ha sido con nosotros la naturaleza al dotarnos de esta capacidad!

Sepa disculpar, Mr. Bigud, pero hasta que no se cierren todas las causas pendientes, yo no confieso nada. Y menos en un blog con 80153 visitas.
A lo sumo le contaría que "una vez, un amigo...", pero ya lo dice el dicho (¿"ya lo dice el dicho"? mejor: "ya repite el repetidor el dicho que el dicho ha dicho", así sí):
"Lo miserable no quita lo paranoico."

Abrazo.

Irene dijo...

Era yo la que se comia los alfajores del bar de la cancha de tenis en donde yo era la recepcionista. Y jamas supieron de donde venia tanta perdida y desapariciones del morfi.

Ja Humbertito, agarrame ahora!!

Viejex dijo...

He cometido acciones de la misma naturaleza de la descripta por usted y amparado también bajo ese halo de beatitud que tenemos los que no hacemos alarde de maldad y por el contrario cultivamos el perfil bajo. Voy a tratar de seleccionar alguna que no me comprometa demasiado y relatarla durante el día. Es decir lo mismo que hizo usted, que nos refiere esta anécdota y no habla de ninguna que involucre hipotecas, escrituras o títulos de propiedad.
Saludos

Jazmin dijo...

Qué fiasco.


Otro club en el que no me aceptarán.


Me he roto la cabeza pensando y no encuentro ninguna maldad que amerite mi membresía.




No creo que matar a palazos a un sapo, a los 6 años -míos, el sapo no sé cuántos tendría-, y luego abrirle la panza con un cuchillo, sea razón suficiente.
El extra de haber visto salir de esa panza abierta una araña caminando, todavía me pone los ojos incrédulos.

Pablo dijo...

Para llenar el formulario me falta el factor impunidad. Los hechos le son conocidos: tanto en el piedrazo a la profesora de matemáticas como en el incidente de la sal en el helado de Alberto, el autor fue rapidamente identificado y suficientemente reprimido.

Recuerdo, sin embargo, un hecho que quedó impune. No hubo intención, pero lo cierto es que lo oculté como un miserable. Un verano estaba yo en los fichines, mirando como jugaba uno de esos profesionales de los fichines. Al Golden Axe jugaba. Tal era su pericia que a esa altura del juego ya había acumulado una descomunal bomba (¿se acuerda que había que ir juntando vasijas para tener una bomba cada vez más grande?) En un momento pasó de nivel y, dominando los tiempos cómo sólo él podía hacerlo, se fue a aconsejar a un amigo que estaba en otro juego mientras su vikingo descansaba del ajetreo virtual. Pues bien, resulta que apreté un botón (pero del player 2, no del suyo, ¡lo juro!) y se desató una explosión que movió los cimientos del local. Conciente de lo que había hecho, me dí vuelta y volví a la playa sin mirar atrás.

Yoni Bigud dijo...

Sir Lothar: ¿Y por qué cree usted que esperé hasta este momento para brindar los detalles del hecho?
Primero debían operar las prescripciones correspondientes.

Irene: Esa es la actitud. El que busca en el fondo de su pasado, encuentra. Del mismo modo que usted encontró esos alfajores durante tanto tiempo.

Señor Viejex: Repito lo que le dije a Sir Lothar. Deben operar las prescripciones correspondientes. Un buen miserable no toma riesgos.
Lo espero ansioso.

Jazmin: Usted no es ninguna miserable, estimada. Su patología es cien veces más peligrosa. Usted piensa que la aberración que acaba de contarnos no califica. Usted siente que es inocente. Usted, en síntesis, lo volvería a hacer si alguien le acercara un palo y un sapo.
¿Mató a la araña?
Descuento que sí.

Señor Pablo: Esa es exactamente la clase de miseria que esperaba de usted. Una en la que la culpa y la inocencia se confundieran a través de una adecuada y meditada elección de palabras. Sin querer, a propósito... ¿quién puede decirnos cuál es la diferencia?
Ciertamente usted no. Lo felicito.


Un saludo.

Anavril dijo...

Ufff, la justicia sólo me permite contar lo siguiente.

Yo; entre los 5 y 8 años.
Mi hermanita; entre el año y los 3.

Cada vez que la veia desnudita no podia evitar morderle las pompis. Tan redonditas y carnosas. En cuanto largaba el llanto/grito yo inmediatamente me dirigia sigilosa y calladamente al punto opuesto más alejado de la casa...y veía pasar a mi madre corriendo para ver que habia sucedido con la pequeñita.....

Todo fue cruelmente interrumpido el día que la pequeña traidora me apuntó con el dedito y le dijo a mi mamá : fué ella! modió cola...

Fué como largar los puchos de un día para el otro....

Mecha dijo...

Jajajajaja... me encantó la historia!!!

Yo tengo varios hechos de maldad, pero siempre eran en grupo... la masa nos llevaba a hacer desastres.
Como en aquella ocasión que, mientras cursábamos 5to año del cole, y como mayores responsables estábamos a cargo de izar la bandarea y tocar el aurora por los altoparlantes del cole, "alguien" se equivocó de disco y puso los Redonditos de Ricota.

Como nunca declaramos quién fue, nos valieron amonestaciones colectivas (en vez de 24 si se encontraba al responsable) y 2 meses de pasar los recreos en rectoría...

Pero todos sabíamos quiénes fueron ese "alguien", y su servidora estaba ahí.

Yoni Bigud dijo...

Anavril: Me gustó su analogía. Para largar determinados vicios uno primero debe hacerse a la idea. Es verdaderamente dramático cuando esos vicios aprenden a hablar. La compadezco.

Mecha: Ah sí, sí. Omertá. Una palabra que posee un valor incalculable.
Muy bueno lo suyo. Yo, por otra parte, soy de los miserables que actúan en soledad (quizás se deba al éxito rotundo de aquella primera experiencia). No me gusta depender de la conciencia, el miedo o la lealtad de los terceros involucrados. Y bue... cada uno con su manual.


Un saludo.

Mecha dijo...

Lo mío no es la soledad. Si estoy sola, soy buena...







Dado que no hay nadie más en quién descansar mi maldad...
jajajajajajajaja

Mary Reed dijo...

Situación:

Clase de Manualidades. (Sí, a ésta servidora la obligaron a hacer almohadones en el colegio).

Víctima: Jorgito, el boludito de la clase.

Hechos: La clase siempre fue embolante. La malhechora nunca fue buena con las manualidades, pero le ponía garra, porque le daba paja irse a exámen en esa materia.

Sobre fin de año, se le encomendó a la clase (todos púberes de 14 años), realizar posa fuentes con hilo sisal (o como se escriba).
Quien suscribe no lograba que su tarea fuera más o menos aceptable, y luchaba con el pegamento y el hilo. Ganaba siempre el pegamento y el hilo (demás está decirlo).
Cuando todos estaban en el recreo, la maldad personificada se escabulló al salón de clases, y cambió su horripilante posa fuentes, por el prolijísimo artefacto confeccionado por Jorgito, el boludo.
Jorgito denunció el hecho, pero nadie le creyó. La malvada compañerita perpetradora del hurto, era una alumna aplicada, abanderada, de buenos modales, y conducta intachable.
Jorgito tuvo un 0, por mentiroso y por acusar a una compañera.
Mary Reed tuvo un 12 (nota máxima) por el esfuerzo realizado.

En mi defensa debo decir que yo SABIA que gran parte de la manualidad de Jorgito, había sido realizada por su señora madre.

Yoni Bigud dijo...

Y... 14.

Yoni Bigud dijo...

Mecha: Siempre hay alguien en quien descargar la maldad. Solo es cuestión de buscarlo.

Mary Reed: Jorgito era un fraude, y lo tenía bien merecido. Además uno no denuncia las maniobras de las que ha sido víctima. Simplemente procede de la misma forma.


Un saludo.

Pablo dijo...

Me olvidé de agradecerle finalmente haber hecho la crónica de lo de Del Río.

Usted es un prócer de la miserabilidad.

Pablo dijo...

¡Ah! Y yo fui el que le escribió el comentario número 17 en el post.

Yoni Bigud dijo...

Y... 18.

No se pase de vivo caramba.

A.R.N. dijo...

sir yoni, su companiero de la primaria lo esta boicoteando, se entero y le publico un post arriba del suyo. es como escupirle el asado. vio?

Yoni Bigud dijo...

A.R.N: Sí, sí, estoy al tanto. Primero esperó y me dejó de regalo un 17 traicionero. Y después, no conforme con lo hecho hasta allí, fue y propagó una pantalla para tapar mis letras.
No me importa, es solo otra queja escrita que deberé interponer en la administración.

Un saludo.

A.R.N. dijo...

vaya y hagale pis en la maceta de la casa yoni

Nefertiti dijo...

no podría... sería incapaz realmente...


de confesar las cosas que he hecho. Me las llevaré a la tumba... y claramente arderé en el infierno.

Pero mi imagen es impecable jiji

Yoni Bigud dijo...

A.R.N: Creo que es lo que corresponde.

Nefertiti: La comprendo. A mí me traiciona el ego. Pasados 25 años me dan ganas de obtener algún crédito. Ese es mi costado falible en esta materia.


Un saludo.

Sir Lothar Mambetta dijo...

Mire que le di vueltas al asunto todo el día, pero lo que se puede contar carece de gracia y lo que no...

Deje, no me parece el lugar para contarle la broma de mal gusto que le hicimos a mi amigo Oswald.

Un abrazo.

Renegado dijo...

Yo no tengo actitudes miserables así dignas de mencionarse, mas que haber abanonado changuitos a medio llenar en el Coto de caliente por no encontrar el producto de la marca que buscaba.

Soy una persona intachable (o quizás tengo muy mala memoria).

Yoni Bigud dijo...

Sir Lothar: Dejemos en paz a Oswald. Ya ha tenido suficiente.

Señor Renegado: Usted es intachable precisamente por eso. Porque tiene mala memoria.

Un saludo.

Carugo dijo...

Señor Bigud:
Veo con tristeza que los relatos de sus lectores no alcanzan a ser más que pequeñas travesuras de escolares, tibios e insípidos intentos de maldad.
El mío no será para que me encierren en prisión pero lo que cuenta aquí es que yo ya sabía distinguir entre el bien y el mal.

Hace mucho, mucho tiempo (no diré el año para no incriminarme aunque imagino que esa causa ya prescribió) "R", de unos 40 años, por ese entonces jefa mía, me molestaba sin misericordia.
Según pude saber más tarde, su actitud nefasta se debía a que la señora quería bajarme la caña a como diera lugar.
Por supuesto, aunque estaba bastante buena, yo era joven y hermoso y disfrutaba de las mieles de mujeres de piel más lozana y carnes más firmes y por eso no le daba ni la hora.
La cosa es que la siuación llegó a un punto tal que me rompía la paciencia de ocho a dieciocho.
Entonces, decidí que era hora de que su placer virara de lo sexual a lo escatológico.
Fui a la farmacia y compré un frasquito de gotitas laxantes incoloras, inodoras e insípidas y apliqué en su café la dosis necesaria como para no ocasionarle ningún tipo de inconveniente de salud pero suficiente para mantenerla toda la jornada yendo y viniendo de su oficina al baño.
No fue una solución definitiva pero por lo menos, en ese día me dejó en tranquilo.
Qué dice? Que si finalmente me acosté con ella?
Un caballero no tiene memoria.
Ni una palabra saldrá de mi boca y el ascenso y aumento de sueldo me lo gané por méritos propios.

Briks dijo...

siempre lo he sostenido, igual que Pancho Ibañez, todo tiene que ver con todo

este articulo empezó con los porotos de Del Rio y termino con la jefa de Carugo yendo al baño






(Sr Carugo, no sé si ud es más miserable por lo del laxante o por su velado autobombo al deslizar que es un excelente amante, sin decirlo.

es una barbaridad, una inmoralidad...USTED ES UN VERDADERO MISSERABLE !!!




lo felicito, VENGA UN ABRAZO)

Carugo dijo...

Briks:
Como no, abrazo para usted! (Ya sabe que lo aprecio).
El tema es que cuando uno se pone viejo, sólo le quedan los recuerdos...
Cómo dice? que ahora la juego de pobrecito?
Jejejeje (algunas veces me dio resultado...)
Abrazo!

Yoni Bigud dijo...

Señor Carugo: Una maniobra finísima la suya. Denota que ya tenía práctica en la materia. Hacer eso de la nada habría sido imposible.
El buen miserable no solo se cobra las deudas con el interés correspondiente; también tiene tiempo para darse sus gustos y vestirlos con el traje del mérito y el merecimiento.
Estoy seguro de que su jefa guardará un recuerdo imborrable de su persona.

Señor Briks: Es cierto, se ha cerrado el círculo.
Nunca está de más algo de propaganda. Hay que estar en todos los detalles.

Señor Carugo: Está muy bien, siempre hay que tener un plan B. El pobrecito es un clásico que nunca pasa de moda.


Un saludo.

LadyMarian dijo...

Oiga, yo soy una lady, no tengo confesiones para hacer! jajaja! Bueno, por lo menos no voy haciendo pis en frascos con plantas como otros.

Mmmm... mis maldades son más en el área de los rumores. No se sabe cómo empiezan, no son claros, son palabras ambiguas dichas en forma casual que hacen que el otro imagine lo que uno justamente quiere. La idea es que nunca se dé cuenta que queríamos transmitir una idea. Lo importante es que la persona sienta que fue vivívima y descubrió algo que se nos escapó y,obviamente, que después lo cuente. Conclusión: todo el tiempo fue manipulado y ni se avivó! Es fundamental que el rumor se origine con una persona chismosa para que lo divulgue. También es importante saber mentir bien o incluso actuar para que el otro crea que descubrió algo y no que le estamos pasando un chisme.
Ah! No trabajo en equipo. Es peligroso porque hay más variables para controlar.

Tuve una miserabilidad compulsiva durante una época en la que trabajaba en una oficina pública. Me llevaba hojas con membrete de allí para tomar apuntes en la facultad (no compraba hojas) y también carpetas. La verdad es que no es mi estilo (por ejemplo, jamás me quedo con un vuelto en el que me dieron plata de más) pero me imagino que estaría fastidiada con el sueldo. jajaja!

Yoni Bigud dijo...

LadyMarian: Como yo lo veo, en tres párrafos que escribió usté acaba de confesar dos actividades miserables que desarrolló o desarrolla con gran pericia y entusiasmo.
De allí al pis en un frasco de porotos hay un solo paso.

Un saludo.